martes, 3 de junio de 2008

Martín y Alicia

(Esbozo de un probable entre 8avo a 12avo capítulo de una posible novela)

Desde el portal de una casa, se escuchaba una voz que llamaba. Verónica se puso alegre de haber encontrado a Martín. En ese momento, ella necesitaba volver a conectarse con el mundo externo para llegar a una normalización. Ella no estaba hecha para trajes de luto, silencios, indiferencias, pastillas y ese repugnante olor a muerte. Gritó otra vez su nombre más fuerte que la vez anterior. En el pecho, se le enterró el temor de que él no llegara a escucharla y se vaya. No podía perder su soga de escape. Martín se dio vuelta y la reconoció.

- ¡Qué suerte que te encuentro! –dijo Verónica realizando una mueca que se hacía pasar por sonrisa.

- Ehh... Hola –dijo Martín mientras Verónica apoyaba su mano en su hombro y le daba un beso en la mejilla.

- ¿Qué haces a estas horas de la noche por acá?

Martín jugaba con sus manos detrás de la campera de jean. Era necesario un pequeño tiempo para comprender la nueva situación. La mente se acostumbra a un paradigma (¿kuhniano? No seamos tan exagerados) y se mueve dentro de él. En este caso, él permanecía concentrado en caminar, mirar el suelo y contar las baldosas. Esa era una vieja costumbre que quedo vigente en él, desde muy chico. Pero al aparecer Verónica, hubo un cambio de contexto, al cual le es menester un pequeño tiempo para ser asimilado.

- Me proponía a volver a casa pero no encuentro la parada del 44. Vengo desde el bar “Los Restos”, que está a tres cuadras de acá.

- Sí, Sí. –dijo Verónica- Lo conozco. ¿Frecuentas ir ahí?

- No, para nada. Me había invitado Mateo para entretenernos un poco esta noche, pero no fue la gran cosa. Me habría quedad en casa escuchando música-

- Pobrecito, mi Martín. –dijo en tono burlón mientras le acariciaba la mejilla derecha. Ella pensaba que él era afortunado. Desde hace tiempo, sus noches se encontraban vacías y tristes. Pero no es necesario explicitarlo, ni contarlo. Hablar sobre las miserias propias es de muy mala educación.

- Yo iba justo a comprar unas aspirinas y cigarrillos al kiosco. Me hallaba bastante apurada, porque yo vivo con una amiga, que últimamente no esta muy bien la pobre. Por eso, no me gusta dejarla sola ni un segundo. –miraba para abajo, enfocándose con precisión en las zapatillas de Martín. - ¿Vos, no me harías un favor?

- Supongo que sí. ¿Cuál? –dijo Marín.

- Quedate en mi casa y yo voy rápido a comprar las cosas. –dijo con una sonrisa- Después, cuando vuelva, preparó café y nos sentamos a charlar un rato.

- Bueno, como quieras.

- Toma las llaves. –Ella le entregó las llaves en la mano- Ya conoces mi casa. Ponete cómodo. Yo no voy a tardar mucho. Tené cuidado con el escalón del pasillo que a la noche casi ni se ve. En un rato vuelvo –explicó mientras se alejaba de él.

Martín se quedo viendo como Verónica se perdía de vista. Luego, miró las llaves que tenía apretadas en su mano derecha, vaciló, y se dirigió a la casa de Verónica. La puerta de entrada se encontraba en muy mal estado. Era de roble viejo y se destacaba por la gran cantidad de ralladuras, grietas, pintura salida y demás. Él pensaba que sería fácil romper la puerta de una patada y entrar. Sonrió. La escena le resultó divertida, porque la imagino en una perspectiva de película norteamericana. Puso la llave, deslizó la puerta e ingreso en el portal. Recorrió un pasillo antiguo que no tenía techo y estaba recubierto, solo en una parte, por una pequeña mediasombra. En los costados, se podía ver unas cinco plantas, marchitas y negras, que ya no se cuidabas desde hace tiempo. Martín se acordó que estaba un poco cansado, habría preferido no haberse topado con Verónica y seguir caminando. Abrió una segunda puerta. Titubeó en cruzar el umbral que daba al living. La habitación se sumergía en una luz opaca que no alcanzaba a cubrir toda la habitación. Ninguna lámpara estaba prendida, la luz provenía de la televisión que encendida dominaba la sala. Martín decidió sentarse en uno de los sillones de la sala, pero notó que alguien ya estaba sentado ahí. Era una mujer. Se notaba que era joven, parecía de menor edad que él. Tenía una tez muy pálida, unos ojos que se podrían suponer marrones pero no se distinguía bien porque estaban irritados y contenían un leve color rojo, unos labios finitos, un cuerpo delgado, y un pelo completamente negro. La chica lo estaba mirando pero de una manera extraña. No lo miraba a los ojos ni al rostro. Parecía no observar a ningún punto específico del cuarto. Tenía un aspecto de enferma. Ese momento incomodaba a Martín.

Alicia estaba dormida. Varios sueños aparecieron en su cabeza. Algo la torturaba demasiado, pero no puede recordar qué. Supone que era una imagen o una escena. Aunque lo intente no puede recordar. Todo es demasiado confuso. En la parte inferior de sus ojos había una pequeña humedad. “Lagrimas otra vez” pensó ella. De repente, nota la presencia de alguien. Escucha unos pasos. Esos pasos eran demasiado perturbadores. Sentía que la potencia del sonido era demasiado alta. Qué gran molestia le causaba esos ruidos entrometidos. Al principio pensó que era Verónica, pero luego se dio cuenta que sus pasos eran diferentes a los que estaba acostumbrada. Torció la cara para poder ver mejor. Logró distinguir una figura. Era un hombre. Él se mantenía alejado y muy cercano a las sombras. La perspectiva que visualizaba Alicia no le permitía distinguir los detalles de esa persona. Sólo podía contemplar su contorno y su brazo derecho, que lo iluminaba el destello de la televisión. Ella se concentró en las partes que podía distinguir. El brazo de esa persona era algo delgado que no llamaba su atención. En cambio, su mano empezó a interesarle. Era de un tamaño mediano, acercándose a pequeño. No llevaba ningún tipo de anillo o pulsera. Estaba desnuda y exhibiéndose a ella. Se dio cuenta que le gustaba esa mano y le parecía divertida. Algo interrumpió sus pensamientos. El muchacho rompió el silencio diciendo un “hola” en voz alta. A ella le molesto mucho su atrevimiento. No tenía ganas de hablar con una persona. Se sentía tranquila tratando con sólo imágenes que se movían pero no interactuaban.

No hubo ningún tipo de respuesta. Por lo menos, se esperaba alguna mueca o señal de vida. Cualquier cosa habría servido. Pero no. Ella jugaba a ser un objeto inerte. Parecía coquetear con el vacío y la nada. Justamente eso era, ella reflectaba algún fragmento de vacío y nada. Era difícil comprender que sentimientos sentía o que pensamientos pensaba. Uno podría decir que estaba triste, o en un profundo estado de melancolía. Sin embargo, su rostro sobre-pasaba o sub-pasaba lo que comúnmente se llama tristeza. Martín rodeó el espacio donde ella se ubicaba y, lentamente, se sentó en un sillón muy próximo a la televisión. De tanto en tanto, echaba alguna mirada y analizaba su flaco cuerpo desplomado en ese asiento. Aunque el mayor tiempo intentaba mirar el programa televisivo, él no podía dejar de sentir que la seguía observando sin necesidad de usar los ojos. Sus cavilaciones empezaban a dar diferentes conclusiones. Ya no se sentía incomodo con la presencia de Alicia. Eso era porque comprendió que esa muchacha se encontraba enterrada en lo más profundo de su individuo. Era por eso que no se lograba definir si estaba triste o contenta. Los sentimientos son siempre símbolos. Siempre están dirigidos a otras personas con el fin de retroalimentarse con la comprensión ajena. Pero Alicia no expresaba nada hacia el exterior. Todo lo contrario. Ella se encontraba encerrada en la profundidad de su interior. Un diálogo consigo misma talvez. O, quizás, un silencio absoluto entre ella y ella. Un sujeto separado de los demás sujetos. Un no-sujeto. “Esa mujer debe estar muerta” se dijo a sí mismo Martín. A lo lejos del pasillo, se escucharon golpes sobre la puerta. Martín apuró el paso a abrir y alejarse de un abismo que lo alcanzaba.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Sigo esperando un esbozo de otro capítulo! Yo sigo la historia!! No me dejen con la intriga!! jaja

Hay novedades por mi blog... No es "EL TEMA", pero... es uno de esos que estan ahí siempre acechando y lo pude poner en palabras. Está ligado a mil millones de otros temas, pero esos vendrán después.

Besos al cuarteto!
Sofi.

S. dijo...

Holaa !! De nuevo yo.
Juan: Hoy un amigo tenía puesto de nick esto:
"Stop existing and start living"

Tiene que ver con lo que me tiraste ayer de la diferencia entre existir y vivir...
Muy loco que vea esto hoy.
Besos!

sofi dijo...

Chicos la DT ha decidido, así quedamos:

"Medio-Evo"
Domingo, de 7

#1 San Berni
#5 Nico de Cusa
#7 Tomy de Aquino
#8 Agus de Hipo
#14 Neme de Émeso
#17 Escoto Eriú
#21 Pedro Abe



jajaajjaja... cuando uno está al pedo... (o peor: cuando uno está intentando desenroscar el intrincado pensamiento del #7 que me está volviendo locaaa!!)